martes, 4 de octubre de 2016

La leyenda de la Mujer Shakti



Era otoño. La mujer complaciente se dejó desplomar en medio de un bosque desconocido. Simplemente ya no podía caminar más. Muy cerca de ella la mujer víctima agonizaba, envuelta en un enredo de hojas secas. 

—¿Te puedo ayudar en algo? —le preguntó la mujer complaciente a la mujer víctima.

—¡Los hombres me han hecho tanto daño! —exclamó en tono de queja la mujer víctima— Estoy aquí paralizada por culpa de ellos. ¡Los hombres han abusado tanto de mí!

—Te entiendo muy bien —yo no he hecho sino complacerlos toda mi vida. ¡Para qué! Para que al final la mayoría de ellos me traicionaran y me dejaran sola. 

—Siento la muerte muy cerca de mí —dijo la mujer víctima con voz apagada.

—Yo también, pero no tengo fuerzas ni para moverme—¿Puedo complacerte en algo antes de tu muerte?— exclamó la mujer complaciente.

—¿Complacerme? ¡Qué te pasa! Yo no quiero que me complazcas. ¡Nadie entiende mi dolor!

El viento sopló fuerte, meciendo las ramas de los árboles. Hojas de color rojizo volaron por el aire y desde las entrañas del bosque se oyó un canto anunciando el atardecer. En aquel canto parecía oírse el murmullo del agua y el graznido de los pájaros, así como el aleteo del águila y el siseo de la serpiente. Era un canto subterráneo y a la vez un canto cósmico, un canto que nacía de la sabia de los árboles y que alababa el beso del sol y de la luna en pleno éxtasis. De pronto cientos de mujeres sintieron en sus corazones que las hojas del otoño las llamaban a danzar con ellas y que el bosque de la mujer atardeciendo las convocaba a reunirse antes del anochecer. Poco a poco fueron llegando niñas, jóvenes, mujeres adultas y ancianas al corazón de aquel bosque, justo donde la mujer víctima y la mujer complaciente exhalaban su último suspiro. Sin saber por qué las mujeres formaron un círculo y rezaron juntas para que aquellos dos personajes apesadumbrados pudieran por fin descansar en paz. El corazón del bosque rezó con ellas.

Después de varios días de rezos, cantos y melodías fúnebres la mujer víctima se rindió al fin ante el abrazo de la muerte. Al poco tiempo la siguió la mujer complaciente. 

Una abuela sabia que hacía parte de las mujeres de oración propuso que entre todas realizaran una danza para llamar a Shakti. Tal vez aquella Diosa podía ayudar a las dos difuntas en el camino de regreso a casa matriz. Todas las mujeres estuvieron de acuerdo, la guardiana del bosque también, así que la danza se hizo. Más tarde, tres adolescentes y dos mujeres adultas cavaron en la tierra dos hoyos, y en medio de un gran silencio las difuntas fueron enterradas. Sin poder controlarse algunas mujeres lloraron desconsoladamente porque no sabían si realmente iban a poder vivir sin sus amigas recién fallecidas. Otras lloraron de alegría porque sus gemelas oscuras por fin habían alcanzado la libertad. Lo cierto es que todas lloraron, y poco a poco, con las lágrimas de todas se fue creando una laguna que la mujer atardeciendo bautizó como su primera laguna sagrada.

Desubicados ante aquel acontecimiento tan extraño un árbol no pudo evitar murmurarle al otro: “ambas difuntas se perdieron el respeto a ellas mismas, o más bien permitieron que los hombres las irrespetaran”. “¿Por qué lo permitieron?”, le preguntó el otro árbol en voz baja. “Porque había una culpa”, respondió el primero, “una deuda del pasado no saldada; el asunto es que ninguna de las dos se había perdonado a ella misma, ya que hace muchos milenios, en el albor de las culturas matrísticas en la Tierra, ocurrió al contrario, las mujeres abusaron del poder femenino y subyugaron a los hombres a un lugar inferior a ellas”.  “Habla pasito”, dijo el otro árbol, “no vaya a ser que la mujer atardeciendo nos escuché, y crea que somos unos chismosos”.

De repente, dos serpientes de luz ascendieron desde el centro de la laguna sagrada e iniciaron una danza poderosa y sensual entre ellas; una danza que pronto se convirtió en un gran espiral multicolor. Aquel espiral de luz subió tanto que llegó hasta el cielo y estalló allí de forma muy similar a como lo hacen los fuegos pirotécnicos, fundiéndose con los jirones de nubes color rosa y naranja de un hermoso atardecer. Todos en el bosque sintieron dentro de su vientre y dentro de su corazón una luz muy potente que nunca antes habían sentido de aquella forma tan intensa. Era una luz que los hacía sentirse plenamente amados y plenamente capaces de amarlo todo y de amar a todos con gran profundidad. Era una luz que despertó en ellos el deseo de unirse a la fuerza creativa del universo, una luz que los hacía sentirse parte de todo lo que había dentro y fuera de cada uno de ellos. Y todos sintieron aquella luz interior en el bosque, desde la hormiga, la abeja y la mariposa hasta los árboles, las rocas y las cuevas secretas; desde las hadas, los gnomos y las ondinas hasta cada una de las mujeres que permanecían alrededor de la laguna. Y fue tan intensa esa luz que trajo a cientos de hombres que poco a poco fueron llegando al bosque, cautivados por no se sabe qué misterio que los hizo unirse a las mujeres en torno a la laguna, para así poder sentir dentro de ellos la luz de esa potencia femenina que hasta ese momento siempre habían buscado afuera. Y todos se miraban a los ojos en pleno silencio, y todos escucharon una misma historia Y al mirarse a los ojos supieron que los demás también estaban escuchando esa misma historia, porque los otros eran en esencia ellos mismos.

 “Yo soy Shakti, dijo la luz al interior de sus vientres y de sus corazones, yo soy la potencia femenina que habita en todos ustedes, por eso todos ustedes son parte de mí. Hace miles de años poblé esta amada Tierra y fui respetada, valorada y amada, en la forma de la luna, en la forma de las montañas sagradas, en la forma del agua, en la forma de las mujeres y de las diosas, pero luego fui desplazada, fui considerada inferior a las fuerzas masculinas de la creación y entonces ocupé un lugar secundario donde los protagonistas eran los hombres, los héroes masculinos y los dioses. De pronto cuando Shiva se retiro a meditar solo en las montañas, los dioses y los hombres me volvieron a convocar me dijeron que regresara a la Tierra en la forma de una mujer y que me casara con Shiva, porque Shiva necesitaba una consorte y solo yo estaba a la altura de él. Yo dije que podía tomar la forma y el nombre de una mujer para ser la consorte de Shiva, pero que solamente con la condición de que el femenino sagrado volviera a ser respetado, valorado y amado en la Tierra. Los dioses y los hombres así me lo prometieron y yo me casé con Shiva, pero al poco tiempo me di cuenta de que todavía las mujeres y las diosas no éramos respetadas de igual forma en que lo eran los dioses y los hombres, entonces me dije y les dije a todos que la Tierra aún no estaba preparada para recibir de nuevo mi fuerza, y que como Shakti  yo seguiría iluminándonos a todos en la esencia de todo lo femenino, pero que solo volvería a mostrar mi rostro de forma visible cuando todos estuvieran realmente listos para verme. Ese tiempo anunciado ha llegado, la Tierra ya está lista para mi regreso, pero necesito de la ayuda de todos ustedes, necesito que ustedes me ayuden  a que el femenino sagrado vuelva  a ocupar el lugar de respeto que antes tenía, sin que por ello se desplace o se subyugue el masculino sagrado, sino que juntos, masculino y femenino puedan florecer en armonía, respeto y unidad. Cuando vuelvan a sus casas, a sus mundos, donde aún la energía femenina no es plenamente respetada, háganla respetar, primero que todo respetándola dentro de cada uno de ustedes, solamente así podremos lograr de nuevo el equilibrio entre el hombre y la mujer, entre el sol y la luna, entre el cielo y la tierra, entre el día y la noche. Solo así podremos co-crear  juntos un nuevo amanecer para todos”.

Conmovida, la mujer atardeciendo impregnó aquella historia en las células y en el ADN de cada uno de los oyentes, con la ayuda de su canto coral. No quería que nadie olvidara la voz ni la luz de Shakti en sus corazones y en sus vientres.

Cuentan que al dejar el bosque muchos hombres y mujeres aún oyen el canto de la mujer atardeciendo en su interior y de inmediato recuerdan a Shakti, su luz y su historia, así como el compromiso que hicieron, tanto con ella como consigo mismos.